Homilía en la Eucaristía de lanzamiento de la campaña de Manos Unidas 2025
Hoy nos reunimos esta tarde para el lanzamiento de la campaña de Manos Unidas bajo el lema Compartir es nuestra mayor riqueza. Este lema hace referencia a la economía de Francisco, que no es la economía del papa Francisco, sino la de san Francisco de Asís. En ella, la persona está en el centro de la economía y no al revés, entendiendo que la mayor riqueza no es la acumulación de bienes, sino la búsqueda compartida del bien común, generando un mundo más justo, solidario y sostenible que preste atención al cuidado de la casa común.
Pero lo que vivió san Francisco de Asís tiene su origen en el Evangelio. Jesús envía a sus discípulos sin dinero cómo mendicantes, (así, mendicantes, fueron san Francisco y santo Domingo de Guzmán; del paso de este último por Segovia, queda, aun el paso de los siglos, memoria). Los apóstoles y aquellos que les siguieron anunciaron el Reino de Dios y esperaban recibir de los hombres la acogida y la caridad. Jesús les envió sin seguridades materiales, confiando en la providencia divina y en la caridad de quienes encontraran en su camino, de forma que su misma forma de vida fuera una llamada a la conversión.
Así, Manos Unidas, que se hace mendicante también en la campaña, anuncia la conversión del corazón. No buscamos solo ni principalmente el dinero, sino un cambio en el corazón de las personas.
Esta semana, el papa Francisco, dirigiéndose a la peregrinación jubilar de la Conferencia Episcopal Nórdica, les decía que «no hay mayor obra que anunciar el Evangelio». Manos Unidas también anuncia el Evangelio como Iglesia. Recordamos aquellas primeras mujeres que, por amor al Evangelio, declararon la guerra al hambre.
En la primera lectura se nos hablaba de dos tipos de asamblea, de Iglesia. Una que está paralizada por el miedo. Otra, llena de alegría por el amor que Dios nos ha dado. Esta es nuestra Iglesia es la Asamblea de los llamados a la que todos somos convocados en un camino de conversión. Manos Unidas es una expresión viva de esta Iglesia, anunciando el Reino de Dios y trabajando por un mundo donde el amor divino se haga presente.