500 años de la Catedral de Segovia en la Solemnidad de Pentecostés
20250608 Pentecostés. Nos reunimos en esta Catedral de la Asunción y San Frutos de Segovia para celebrar la Solemnidad de Pentecostés y, al mismo tiempo, los 500 años de la colocación de la primera piedra en la construcción de esta nueva Catedral. Es verdaderamente providencial que la fecha de este aniversario coincida justamente con la celebración, este año, de la solemnidad en la que hacemos memoria del don del Espíritu Santo que el Señor derramó sobre los apóstoles y un numeroso grupo de discípulos reunidos en el cenáculo en la fiesta de Pentecostés, como hemos escuchado en la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
El acontecimiento de Pentecostés es la “primera piedra” en la construcción de la Iglesia, que no es una sociedad formada con fuerzas y medios humanos, sino por la acción del Espíritu Santo, Amor de Dios que se derrama sobre los discípulos de Jesucristo, formando entre ellos y con él un solo cuerpo, según el propio Jesús había prometido antes de entregar su vida en la Cruz.
A partir de aquí querría comentar tres aspectos que se dieron en la construcción de esta Catedral y que se relacionan con la acción que el Espíritu Santo va realizando en nosotros.
El primero es la unidad en la diversidad. La Catedral está conformada por una gran variedad de materiales, de piezas distintas y con distintas funciones; pero todas forman una sola catedral. Esta es imagen de la unidad multiforme de la Iglesia. El hecho de que los apóstoles, después de recibir el don del Espíritu Santo hablaran desde el principio todas las lenguas nos muestra que la Iglesia es Católica, universal, destinada a abrazar a todos. Hoy la Iglesia celebra el día de la Acción Católica y el Apostolado Seglar. En la Iglesia todos los carismas son necesarios. Es precisamente en la celebración de la eucaristía en la Catedral, reunidos los laicos, las familias, los consagrados y los presbíteros, presididos por el obispo, donde se percibe la unidad de la Iglesia en la diversidad de carismas, todos suscitados por un mismo Espíritu.
El segundo aspecto es la necesidad del tiempo para que la Iglesia se vaya formando. La Catedral tardó más de 200 años en ser consagrada, que no terminada, ya que la catedral nunca está terminada y sigue en continuo crecimiento. Aquellos que la diseñaron y que comenzaron su construcción no la vieron en su consagración. Así nosotros, en la Iglesia, también trabajamos para un fruto que no siempre veremos. Es la imagen del sembrador. Uno ara la tierra, otro siembra, otro riega y otro recoge, volviendo a preparar la tierra para una nueva siembra. Podemos hacer memoria de los arquitectos, de los obreros de los distintos gremios, de los canónigos y de los obispos que durante tantos años perseveraros en la construcción y el mantenimiento de esta catedral. Cada uno sólo veía lo que había recibido y su pequeña aportación. De la misma forma, en la Iglesia de Segovia, damos gracias por la fe y las tradiciones que hemos recibidos de nuestros padres y miramos con agradecimiento que se nos regale un tiempo para arar la tierra, para sembrar, regar o recoger lo que otros sembraron, siendo conscientes de que una gran parte del fruto de lo que el Señor hace ahora en nosotros no lo veremos. Pero eso nos hace caminar con esperanza, sabiendo que es el Señor quien conoce la obra completa.
El tercer aspecto es la belleza de los carismas en la Iglesia, que se van “acumulando” con el paso del tiempo con formas antiguas y nuevas. La Catedral de Segovia, última catedral gótica en España es, como todas las catedrales una suma de elementos de diversos estilos arquitectónicos, desde el románico traído de la antigua catedral hasta el estilo contemporáneo que vemos en la última reforma de este presbiterio o en la vidriera del juicio final que nos ilumina desde el fondo de la nave central. Esta belleza en la sucesión de estilos nos habla también de la acción del Espíritu Santo que va generando y despertando en la vida de la comunidad cristiana una inmensa multitud de carismas que van embelleciendo la vida de la Iglesia con su santidad. San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, en sus estancias en esta ciudad, vieron la construcción de los primeros pasos de la nueva catedral; San Antonio María Claret, seguro, vendría a rezar en ella, ya construida de forma parecida a como la vemos hoy. Las congregaciones religiosas y las asociaciones y movimientos presentes en nuestra Iglesia son signo de la acción de Dios que busca manifestarse de diferentes maneras para que todos puedan acoger su belleza.
Damos, pues, muchas gracias a Dios por esta celebración. Pedimos a Dios que nos ilumine para que la Catedral siga siendo signo de unidad y casa de todos los fieles cristianos en Segovia. Y esperamos que siga siendo una casa abierta a tantos visitantes que vienen atraídos por su belleza, para que encuentren en ella el testimonio de que Jesucristo resucitado es el Señor del tiempo y de la historia. Y de que esta Palabra es también para ellos. Estos días de Pascua estamos viviendo en la Catedral cómo muchos catecúmenos concluyen su iniciación cristiana a través de los sacramentos del bautismo y de la confirmación. Así, la catedral, como Iglesia madre, es signo de la fecundidad del anuncio del evangelio, que sigue llegando y transformando la vida de muchos, reproduciéndose aquellas maravillas que se vivieron en los inicios de la predicación apostólica.
Ponemos nuestra vida y la de toda la Iglesia en manos de la Virgen María en su advocación de la Fuencisla y en el misterio de su Asunción para que la alegría del Evangelio pueda llegar a todos.