Acogida a Nuestra Señora de La Fuencisla en la S.I. Catedral
Subida de la Fuencisla 2026. Un año más, la Virgen de la Fuencisla ha salido de su santuario, donde se encuentran el Clamores y el Eresma, para subir hasta esta Santa Iglesia Catedral. Durante nueve días estará en el centro de la ciudad y queremos que esto sea un signo, para ponerla también en el centro de nuestra vida.
Acogemos a la Santísima Virgen María con el mismo espíritu de Santa Isabel: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Estas palabras recogen un doble asombro. Por un lado, el asombro por la grandeza de que es la Madre de Dios la que se nos acerca. Por otro, es también una mirada a nosotros mismos: ¿Quién soy yo? Este mismo asombro lo debió experimentar la propia Virgen María al ser, poco a poco, consciente de la misión a la que Dios la había llamado. San Juan de la Cruz, cuyos restos reposan a pocos metros del santuario de nuestra Madre, y del que este año celebramos un año jubilar, lo dijo con palabras de gran hermosura.
Hablando del misterio del nacimiento pone a María, como tantas madres, viendo a su hijo llorar y así lo describe: «Y la Madre estaba en pasmo / de que tal trueque veía; / el llanto del hombre en Dios, / y en el hombre la alegría, / lo cual, del uno y del otro, / tan ajeno ser solía»[1]. María se asombra del amor de Dios que ha venido a visitar a la humanidad, tomando de ella el llanto y trayendo su paz y alegría.
Por eso, la respuesta a la pregunta acerca de quiénes somos cada uno de nosotros, la encontramos en el mismo cántico de María, que apenas hemos iniciado en el evangelio: María exulta de sorpresa y alegría porque Dios la ha mirado en su condición humilde y pobre; y esta mirada de Dios, ha transformado su propia mirada permitiéndole ver realizado el designio de Dios en la historia. Ella ve lo que otros no ven. Contempla cómo Dios ha actuado ya en la historia y pone a los humildes sobre los soberbios; da su amor a los que no tienen y esperan, dejando vacíos a los que creen que lo tienen todo y no necesitan nada.
Durante los días de la novena que mañana comenzaremos os invito a que nos dejemos atrapar por la mirada de María, una mirada discreta, humilde y sencilla, como vemos en la mirada de la Virgen de la Fuencisla. Una mirada que descubre los puntos de fractura de la humanidad, las heridas de nuestra sociedad, las distorsiones y enfrentamientos que nos hacen sufrir. Y pone esta mirada, no para juzgar y destruir, sino para abrazar y construir. Como dice el Papa León en su última encíclica: «Con la misma fe de María, convirtámonos en tejedores de esperanza en nuestro mundo, compartiendo lo que somos y lo que tenemos, para que la presencia de Jesús crezca entre nosotros y su Reino tome forma»[2]. A la Virgen de la Fuencisla presentamos, un año más, nuestras alegrías, nuestros dolores y nuestros anhelos.
[1] San Juan de la Cruz, Romance sobre el evangelio “In principio erat Verbum”.
[2] Magnifica Humanitas, 245.