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De la verdad y de la vida

20260503 Domingo V de Pascua. La verdad y la vida no son conceptos que gocen de gran prestigio y solidez en nuestro tiempo.

 

Se habla mucho de posverdad y de relato, para evitar el duro contraste con la realidad de las cosas. Es cierto que la verdad completa no es siempre accesible, y que la realidad tiene muchas aristas. Pero la verdad cierta es humilde y reconoce su limitación. La batalla del relato busca presentar como verdad absoluta lo que son aspectos parciales, con la única intención de imponerse a los otros. No poseemos la verdad, pero podemos buscarla juntos en un camino que nos une.

 

La vida es hoy un concepto resbaladizo. La tenemos todos, pero no siempre se percibe como vida digna de ser vivida. Si entendemos la vida como cumplimiento de nuestros deseos, los demás aparecen muchas veces como instrumentos o como obstáculos. Nuestros deseos rara vez se cumplen y, cuando llega a cumplirse alguno, siempre es de forma parcial y temporal. Esto conlleva que se apodere de nosotros un sentimiento de derrota, de frustración y de decepción.

 

Ante esto, lo que solemos hacer es lanzar de nuevo la pelota adelante, impulsándonos con la fuerza de nuevos deseos, pero sin darnos cuenta de que eso es iniciar de nuevo la misma rueda que nos lleva a los mismos resultados. Si la vida es utilidad, ¿qué pasa con aquellos que no son “productivos” o “útiles” por la ancianidad o la enfermedad? ¿qué sucede con un hijo que llega en un momento inesperado y que aparece como un obstáculo más que como un regalo? ¿cómo afrontamos un matrimonio en el que las heridas de la convivencia han llevado a la desconfianza y a idear por separado las proyecciones de la vida? La eutanasia, el aborto, el divorcio exprés, siendo realidades diferentes, son signos de una misma propuesta ante la desesperanza en la vida: la solución está en romper con la vida.

 

En un contexto que también era de tristeza y desesperanza, Jesús dice a sus apóstoles una palabra alentadora: ¡No se turbe vuestro corazón! Esta es una palabra fuerte para el tiempo de incertidumbres que vivimos ¿Por qué no hemos de turbarnos? Por la fe en Jesucristo: porque él es el camino, la verdad y la vida. Ante lo que veíamos al principio, parece difícil anunciar a Jesús como verdad en la época del relato o como vida en la sociedad de la búsqueda de la felicidad absoluta y autónoma.

 

Sin embargo, vida y verdad siguen siendo el anhelo más profundo de nuestro corazón. Buscamos la verdad, ansiamos la vida. Sólo en ellas descansa nuestro corazón. Ellas son la meta. Jesús nos da su paz porque nos dice quien es la meta y nos pone en conexión con ella. La meta de la que Jesús da testimonio no es otra que el Padre, Aquel que es el origen y fuente de todo lo real. Pero ¿quién puede conocer a Dios? ¿No es una meta que queda absolutamente fuera de nuestro alcance? Podemos preguntarnos con Tomás: Si no sabemos cual es la meta, ¿cómo vamos a conocer el camino? San Juan de la Cruz dirá: a donde no se conoce, se ha de ir por donde no se conoce. Pero Jesús ha venido como camino, para conducirnos a la meta. Con palabras de san Agustín: Jesús es el camino, porque es la verdad y la vida.

 

Hoy se venden muchos libros de autoayuda que prometen recetas de felicidad. Jesús no nos ofrece una receta o un método para alcanzar la felicidad. Se ofrece a sí mismo para acompañarnos. Él es la respuesta a nuestros anhelos. La fe es el método para vivir. Porque la fe consiste en la amistad con él, para aprender a ser hijos, a entrar en la familia de Dios.

 

Es urgente anunciar el evangelio y, por eso, esta semana nos hemos reunido en Ávila representantes de 9 diócesis de Castilla y León para orar y reflexionar juntos sobre cómo ofrecer al mundo de hoy el precioso anuncio de que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida.

 

+Jesús Vidal

Obispo de Segovia