Luis Santamaría: «El peligro de las sectas es que apuntan al corazón»
En ocasiones pensamos que las sectas pueden ser algo del pasado, que en nuestros días quizá puedan estar presentes en grandes ciudades. Sin embargo, son una realidad más que tangible en nuestra sociedad del siglo XXI y así nos lo descubre el zamorano Luis Santamaría del Río, teólogo y miembro fundador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas.
Comenzamos con la pregunta que titula la próxima conferencia que vas a ofrecer en nuestra Librería Diocesana. Pero… ¿sigue habiendo sectas?
Es que es una pregunta que se repite mucho. Parece que estoy hablando de algo del pasado. Ya no hay sectas, ¿no? Y sí que hay. Sí que las hay en cualquier sitio. No solo en Segovia porque está cerca de Madrid, también en los pueblos más pequeños pueden llegar las sectas porque además hoy, a través de internet, llega todo a todos los lugares. Las sectas han cambiado, han transformado a veces su mensaje, los temas que tratan, pero siguen atrayendo a gente y siguen teniendo una importancia grande. Yo cada vez salgo más en las noticias, cada vez salgo más en entrevistas como esta, y cada vez más gente llama después pidiendo ayuda desesperada.
Resulta curioso que en la sociedad en la que vivimos tu presencia en los medios de comunicación genere esa respuesta de la gente que reclama tu ayuda.
Pues sí, porque se trata de un fenómeno muy actual. Tenemos que pensar que en torno al 1% de la población —sin hacer mucho spoiler de lo que voy a contar en la conferencia, lo interesante es acudir y dialogar juntos—, estamos hablando de 400.000 españoles, están en sectas. Es un volumen grande, es un problema extenso, y no digamos lo intenso que es para las familias que lo sufren, cuando un hijo, una hija, un padre, una madre, un marido, una mujer, ha sido atraído o está siendo atraído por un grupo que tiene una pinta estupenda, pero que lo está aislando de los suyos, que le está cambiando su personalidad y que le está convirtiendo en un esclavo.
Una secta es un grupo social depredador que practica el mimetismo y el señuelo
Más o menos has trazado los ejes de lo que es una secta. Después de casi tres décadas estudiándolas, ¿podrías tener una definición exacta de qué es una secta?
Creo que se me da más o menos bien explicar en qué consiste, pero no tengo una definición propia, utilizo la de un compañero mío de la Red Iberoamericana de Estudios de las Sectas Vicente Jara. Dice que una secta es un grupo social depredador que practica el mimetismo y el señuelo. Y ahí están tres elementos fundamentales. Depredador es que va a buscar personas que van a ser sus víctimas, atrae, capta, y lo hace a través de dos mecanismos que ya nos hablan de ese engaño que yo subrayaba. Mimetismo, hacerse pasar por grupos religiosos, por asociación cultural, por grupo terapéutico, por lo que sea. Y el señuelo, que es ofrecernos algo positivo, agradable, atractivo, algo que parece que, ¡bua! esto encaja con mis necesidades o me llena, así es como funcionan las sectas.
Lobos vestidos de cordero… Entonces, ¿crees que cualquiera podemos ser captados por una secta? ¿Quién puede ser más vulnerable a ser atraído por ellas?
Hay factores que aumenten la vulnerabilidad. Pueden ser factores de nuestra propia personalidad: que tengamos una baja autoestima, que tengamos carencias en nuestras relaciones personales o problemas, que haya ahí disfunciones en la familia, que dónde no las hay… Eso por un lado, lo que podríamos considerar «más negativo», pero también personas con una honda espiritualidad, personas que no se conforman con lo superficial, con el consumismo, personas que están descontentas con la injusticia y que quieren arreglar el mundo, personas dispuestas a entregar parte de su tiempo, el típico que se apunta a cualquier voluntariado, que colabora en su parroquia, en su asociación, en su cofradía, que son cosas buenas, personas utópicas, idealistas también.
Podríamos hablar de falta de formación, falta de madurez, si uno es más ingenuo. Pero, tengamos o no tengamos cualquiera de estas cosas, siempre podemos tener un momento de especial vulnerabilidad en nuestra vida: que se nos haya muerto un ser querido, que estemos atravesando una enfermedad propia o en la familia, que hayamos tenido que irnos de nuestra tierra a otra ciudad o a otro país, que hayamos tenido una ruptura de pareja, un fracaso amoroso, que nos hayamos quedado sin trabajo… Hay tantos elementos en nuestra vida que nos hacen sentirnos necesitados de identidad, de pertenencia, de vocación. Aunque pensemos que yo no, a mí nunca me pasaría, todos somos susceptibles de tener un momento, atravesar un mal momento en la vida que nos pueda llevar a esto.
¿Existe alguna señal de alerta que nos pueda ayudar a detectar que quizá ese grupo que nos promete algo bueno, pueda tratarse de una secta?
En primer lugar, cuando vemos un cambio que nos extraña. Y no solo tiene que ser un cambio a peor, puede ser un cambio a mejor. Cuando una persona vemos en casa que cambia sus horarios, sus hábitos, su forma de hablar, aunque sea a mejor, porque hay familias que se alegran. ¿De dónde viene eso? Puede ser de una relación de pareja que esté teniendo, de un grupo de amigos, o puede ser de un grupo de algunas personas que lo estén influyendo. Hay que estar muy atentos a esos cambios, que a veces no son repentinos, a veces son paulatinos. Hay que observar y escuchar mucho. También esa distancia que se va tomando con respecto a la familia, porque la secta lo primero que va a hacer es aislar a la persona.
Y cuando se habla con mucha ilusión de eso nuevo que se ha conocido, ese grupo, esa terapia, esa técnica, eso que estoy leyendo, que estoy viendo en internet y que se ve maravilloso, pues hay que tener cuidado también con eso.
Las sectas apuntan a nuestro corazón, no son algo racional. Nada nos inmuniza ante ellas
Hablas de las familias como entorno cercano, ¿hay alguna manera de protegerse frente a los peligros de estas técnicas de captación?
Yo siempre digo que nada nos inmuniza. El «a mí no me va a pasar», el «yo no», cuidado, porque es el primer peligro. Nada nos inmuniza, pero sí nos podemos proteger, ¿cómo? con el autoconocimiento, sabiendo cómo somos, cuáles son nuestras partes más vulnerables, qué temas nos interesan y por ahí nos podrían hacer ‘tilín’.
Luego fortalecer nuestra familia, fortalecer nuestras relaciones, que haya una comunicación en la que pueda haber una señal de alarma, pueda haber un comentario crítico, lo que llamamos a nivel nuestro de Iglesia, una corrección fraterna que no se reciba mal. Tiene que haber esa confianza, esa profundidad, ese diálogo, que sea comunicación de verdad y no superficial. Y luego, cuidar nuestra formación, nuestro sentido crítico y cuidar nuestra fe.
Porque las sectas, yo lo digo siempre y lo diré en la tertulia que tenemos en la Librería Diocesana, apuntan a nuestro corazón, no a nuestra cabeza, no es un tema racional. Entonces, como las sectas no acceden a nosotros racionalmente, no se puede luego desarmar todo eso mediante el diálogo, la discusión, es decir, van a nuestro corazón y el corazón es la sede de nuestros sentimientos, ahí está todo el campo emocional, y la sede del sentido de la vida, de lo que nos mueve, de la espiritualidad, de la fe.
Poniendo el foco en la actualidad, tenemos la mirada puesta en Roma preocupados por la salud del papa Francisco. Se está aprovechando esta vulnerabilidad para alimentar teorías de conspiración en las que los ‘sedevacanistas’ hablan de posibles dobles del Santo Padre…
Alguno dirá, «¿Qué tiene que ver esto tan estrafalario con las sectas?». Pienso en una familia de Castilla y León que me decía: «nos arrepentimos de haberle regalado una tablet a nuestra madre». Era una señora muy mayor a la que le dieron una tablet para que leyera la prensa con letra grande, para que diera vídeos, para que tuviera un tiempo de ocio más apto. Era una mujer muy creyente, que empezó a meterse en círculos críticos con la Iglesia, la deriva actual y de ahí se pasaba a la crítica del Concilio y después a las teorías de la conspiración más irracionales.
Como la de ahora, aquellos que dicen: «El que ha ingresado en el hospital de Roma no es el Papa, sino un doble, porque al Papa lo tienen escondido y cuando se muera este va a salir el otro diciendo que ha resucitado. Y esto cumple lo que dice el apocalipsis sobre no sé qué y lo que ha dicho la Virgen no sé dónde…» y entonces meten a la gente en una espiral fanática autodestructiva de rechazar todo, de cerrarse al diálogo, de considerar, como están diciendo algunos, que este Papa no es Papa, ni siquiera sería un cura válidamente ordenado. Puede llegar esto a explotar por cualquier lado, porque mucha gente sencilla, ante la confusión, ante cosas que no entiende, cosas que se le explican mal, piensa que el mundo se viene abajo, la Iglesia se viene abajo.
Y hay unos poquitos iluminados que por YouTube, redes sociales, por Telegram, vienen a salvar a la Iglesia. Eso es un espíritu de secta total y está haciendo mucho daño también en nuestras comunidades.
Puedes disfrutar de la tertulia sobre sectas con Luis Santamaría del Río el próximo lunes 3 de marzo a las 17.30 horas en la Librería Diocesana (C/Seminario, 4).