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Vigilia Pascual

Vigilia Pascual. Esta es la noche en la que celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte. Es una noche única en todo el año, la noche central de nuestra fe. Sin la fe en la resurrección de Jesucristo, en su victoria sobre la muerte, nada de lo que hacemos los cristianos tendría sentido. Esta Catedral, de la que celebramos los 500 años del inicio de su construcción no tendría ningún sentido verdadero si Jesucristo no ha resucitado y vive para siempre.

 

          Pero ¿tiene esto un significado concreto para nosotros o es simplemente una idea sobre la que construir un modo de vivir? En la carta de sSan Pablo hemos escuchado que cuantos fuimos bautizados, es decir, sumergidos, en Cristo, fuimos sumergidos en su muerte. Por tanto, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros caminamos en una vida nueva.

 

          Esta noche esto se cumple en dos hermanos nuestros que van a ser bautizados, es decir sumergidos en la muerte de Cristo a través del signo sacramental del agua, que es fuente de muerte y de vida, para caminar en una vida nueva. Por eso a ellos y también a nosotros nos interesa especialmente entender qué significa ser sumergidos, sepultados en la muerte de Cristo y qué significa caminar en una vida nueva. Ser sepultados con Cristo significa, como hemos visto estos días pasados, qué Él ha querido cargar con todos nuestros sufrimientos y heridas, con nuestros abandonos y humillaciones. Pero para esto es necesario que nosotros entremos en este misterio. Ser sepultados con Cristo significa dejar que él viva con nosotros todos nuestros sufrimientos y fracasos, que son fruto del pecado, de la negación a vivir el don de la vida de comunión con Dios.

 

          Caminar una vida nueva significa hacerlo a la luz de Cristo, que ha resucitado, escuchábamos, por la gloria del Padre. La gloria de Dios es una luz que ninguna oscuridad puede apagar. Es el vínculo de amor indestructible que une al Hijo con el Padre. Es una unión más fuerte que la muerte, que parecía el fracaso de toda esperanza de permanecer en la unión con el amado. Pero Cristo, nos decía también san Pablo, ya no muere más. La muerte ya no tiene dominio sobre él y tampoco sobre nosotros.

 

Una vida nueva

La vida nueva es la vida del Hijo, es decir, caminar en la gloria del Padre, llenos de la esperanza que nace de la luz de Dios: ese amor que ya nada puede destruir. Vivir es permanecer libremente en esta unión, acogiendo el vínculo de amor con aquel que nos ha creado y ha dado la vida por nosotros.

 

          ¿Cómo podréis permanecer en esta vida que hoy se inicia para vosotros? ¿Cómo podemos permanecer todos en la alegría de esta noche? En el evangelio hemos visto cómo las mujeres que habían permanecido al pie de la cruz (sepultadas con Cristo) se acercan ahora al sepulcro. Y el evangelista insiste en que estaban asombradas por lo que vieron. Este es un triple asombro en el que todos nosotros estamos llamados a permanecer:

 

          En primer lugar, encuentran la piedra movida, el sepulcro que habían dejado sellado está abierto. El sepulcro no ha sido abierto desde fuera, sino desde dentro, por el mismo Señor. Permanecer en el asombro es reconocer cada día que el Señor ya nos conoce, conoce nuestros sufrimientos y penas, nuestros miedos y esperanzas. Él abre nuestra vida desde dentro una y otra vez para darnos su amor.

 

          En segundo lugar, cuando entran ven que el sepulcro está vacío. Jesús no está en él. Y esto les provoca aun mayor asombro y desconcierto. ¿Dónde está Jesús? También en la vida que ahora iniciáis habrá momentos de noche, de oscuridad y desconcierto, de duda. En estos momentos se ha de esperar, pues es el Señor quien nos conduce, también en la oscuridad. Ser cristiano no consiste en que todo vaya bien y no tengamos más problemas, sino en vivirlo todo como discípulos de Jesucristo.

 

          Y, en tercer lugar, se asombran porque aparecen dos hombres vestido de blanco reluciente. Son dos testigos, que les recuerdan las escrituras y les dicen que vayan a dar testimonio a sus hermanos. Es en la Iglesia, en el testimonio de la Escritura y de los santos, en el amor de los hermanos, donde encontramos la luz para caminar y permanecer. Esto requiere permanecer atentos y a la escucha de la enseñanza de la Iglesia, viviendo siempre como discípulos, sin dejar de aprender a vivir.

 

          Esta noche nos alegramos porque Jesucristo ha resucitado y nosotros vivimos con él la vida nueva.