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Discípulos misioneros

discípulos misioneros

20251007 Discípulos misioneros. Comenzamos un nuevo curso en la diócesis de Segovia, que para mí será el primero completo. Al concretar una tarea que nos ayude este año a avanzar juntos en el seguimiento de Cristo, pienso que en primer lugar hemos de mirar el camino realizado los tres últimos años a través del plan pastoral propuesto por mi querido antecesor D. César Franco, bajo el título: «Hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Este plan tenía un objetivo general consistente en «ahondar en nuestro ser discípulos misioneros». Y este se desarrollaba en cinco objetivos prioritarios: (1) revisar y fortalecer los procesos de iniciación cristiana; (2) acompañar y evangelizar la piedad popular; (3) Reflexionar sobre la corresponsabilidad laical y la sinodalidad; (4) Mirar la familia como ámbito preferente de evangelización; y (5) redescubrir la vocación bautismal buscando espacios de comunión y compromiso social.

 

          La tarea de este curso consistirá, por tanto, en mirar estos aspectos de la vida de la Iglesia, reconocer el camino que se ha recorrido y el que queda por recorrer y discernir, de cara a un próximo trienio, cuales han de ser nuestras prioridades en la misión a la que el Señor nos llama como discípulos suyos.

 

          En este mismo sentido, las tres vicarías sectoriales que ya han empezado a trabajar nos servirán para ordenar y dinamizar esta tarea, generando equipos de trabajo y proponiendo proyectos concretos a través de los cuales, algunos puedan verse llamados a participar de forma más activa en la vida y misión de la Iglesia en Segovia. Estos proyectos se desarrollan en base a tres preguntas que podemos hacernos al principio de curso:

 

¿Para quién soy yo?

Ser discípulo de Jesucristo es descubrir que él nos ha dado la vida, no para meramente conservarla o dejar que pase, sino para entregarla en servicio a los demás. La pregunta vocacional no se refiere sólo a las vocaciones al celibato consagrado, sino también al matrimonio, y también al servicio en nuestros trabajos, en la escuela o en la vida social más amplia. Esta pregunta ha de partir del encuentro personal con Cristo. Renovar este encuentro nos lleva a un nuevo horizonte vital de relaciones en Él, que es la Iglesia. Estas líneas serán desarrolladas por la Vicaría para las vocaciones.

 

¿Cómo no anunciar el evangelio?

Como discípulos de Jesucristo, estamos en deuda por haber conocido un amor tan grande. Y esto nos hace, con San Pablo decir «¡ay de mí si no evangelizara!» (1 Cor 9,16). El don que hemos recibido no puede quedarse en nosotros, sino debe redundar en muchos, empezando por aquellos que están a nuestro lado. Estamos en deuda con todos los hombres, pues en toda ocasión nos dan la posibilidad de testimoniar el amor que hemos conocido. Este anuncio se vive, en primer lugar, en la familia a través de la transmisión de la fe en la iniciación cristiana. Una primera tarea será ayudar a las familias que se acerquen a nosotros a renovar su fe y hacerles capaces de poder trasmitirla a sus hijos. La devoción popular, nuestras tradiciones, siguen siendo un precioso vehículo de transmisión de la fe y de evangelización, pero por eso debemos cuidarlas para que no se vacíen de su centro quedando, así, como huecos objetos de museo. La misión nos llevará también a nuevas formas de misión y acompañamiento con equipos de misión formados por sacerdotes, consagrados y laicos, (todos discípulos misioneros), en una corresponsabilidad diferenciada, para que cada uno desde su estado ministerial y capacidades personales, alentemos la vida de nuestras comunidades parroquiales. Estas líneas irán siendo desarrolladas, junto con el aspecto sinodal de la Iglesia, por la vicaría para la evangelización.

 

¿Qué quieres que haga por ti?

A poco que miremos a nuestro alrededor encontraremos situaciones de dolor y sufrimiento entre nosotros. La mirada del buen samaritano nos lleva a no pasar de largo. Muchas veces no sabemos qué hacer y la impotencia puede tentarnos a mirar para otro lado. Pero esto es justo lo que no podemos hacer desde el amor que hemos conocido. Como decía recientemente el Papa León XIV, «donde está el mal, allí debemos buscar el alivio y la consolación que lo vencen y no le dan tregua. (…) Apoyar la cabeza en un hombro que te consuela, que llora contigo y te da fuerza, es una medicina de la que nadie puede privarse porque es signo de amor. Donde el dolor es profundo, aún más fuerte debe ser la esperanza que nace de la comunión. Y esta esperanza no defrauda». A esto nos irá ayudando la vicaría de pastoral social.

 

          Comenzamos un nuevo curso de la mano de la Virgen de la Fuencisla y San Frutos, alegres por la esperanza jubilar que hemos vivido en las diversas peregrinaciones a Roma o a nuestra Catedral. Os invito a que lo vivamos en la alegría que nace del encuentro con el Señor.

 

+Jesús Vidal

Obispo de Segovia