Homilía en la celebración de San Frutos, patrón de la Diócesis
20251025 San Frutos.
Al siervo bueno y fiel, así comienza el precioso villancico que acabamos de escuchar y que identifica a san Frutos con las palabras que Jesús dice a aquellos que han puesto en juego sus talentos, es decir, que han dejado que Cristo grabe en ellos su imagen. Hoy en día, sin embargo, esta expresión puede causar extrañeza a algunos y no causar deseo de imitación. Hoy muchos dirán, bueno y fiel sí, pero siervo no.
La libertad entre los humanos, entendida como afirmación de uno mismo y de la propia voluntad, es el valor central de nuestra sociedad. Sin embargo, al mismo tiempo somos conscientes de que la libertad exacerbada, sin el contrapeso de la verdad, del bien, de la justicia, solo conduce a enfrentamientos y violencia. San Pablo nos da la clave en su carta a los Romanos. Si vivimos haciendo lo que nos da la gana, entonces somos esclavos de nuestro ego, de nuestras apetencias, independientemente de quien tengamos delante. Esto explica muchos de los dramas que vivimos en la actualidad. Esto es el pecado.
En cambio, Cristo ha venido para liberarnos de la esclavitud del pecado, para darnos la libertad de los hijos de Dios. Esto es lo que vivió san Frutos. Experimentó el atractivo de Cristo que le llevó a dejarlo todo con sus hermanos, Valentín y Engracia, para recuperarlo todo de un modo nuevo.
Siendo siervo de Cristo fue verdaderamente libre y se descubrió Señor de sí mismo y de las cosas, para vivir haciendo el bien, socorriendo y consolando a aquellos que lo necesitaban. Esta paradoja la encontramos en el Evangelio en el que Jesús responde a la pregunta de Pedro acerca de qué bienes tocarán a los que dejen todo para seguirle. Jesús en su respuesta habla de tres cosas.
De un tiempo, de una hora de renovación. En segundo lugar, dice que Él se sentará en su trono y en tercer lugar, que también ellos se sentarán cada uno sobre su trono para juzgar al pueblo de la alianza. El tiempo de renovación se refiere a que Jesucristo hace nuevas todas las cosas, renueva la vida de los que le siguen modelando en nosotros su propia imagen de pobreza y humildad, como dice de san Frutos en la oración colecta al inicio de la misa.
Esto lo hará desde su trono que significa al mismo tiempo la cruz y la gloria. Podemos ser siervos de Jesús porque Él es el siervo de Dios que no se ha guardado nada y ha dado la vida por nosotros. Y así los apóstoles y aquellos que como san rutos, san Valentín y santa Engracia le han seguido de todo corazón se sentarán sobre sus tronos, es decir, cargarán con su cruz y conocerán el amor más grande que les irá haciendo siervos de Jesús y siervos los unos de los otros.
Que nosotros, con san Frutos, queramos ser a imagen de Cristo siervos buenos y fieles para llevar a todos el consuelo de Dios.