Homilía en la Jornada de Vida Consagrada: ¿Para quién eres?
20260202 Vida Consagrada. Vida consagrada: ¿Para quién eres? Queridos miembros de la vida consagrada en Segovia, esta pregunta, correspondiente al lema de la jornada de la vida consagrada que celebramos hoy, es un eco del lema del congreso de vocaciones, celebrado en Madrid hace casi un año: ¿Para quién soy yo? Es, por tanto, una reformulación de la pregunta del congreso de una forma provocativa al transformarla en una pregunta directa.
Ambas preguntas muestran dos aspectos de la vida consagrada, que todos vivís, y que pueden iluminar y motivar nuestro camino. La pregunta del congreso (¿Para quién soy yo?) es una pregunta introspectiva, que cada uno se hace a sí mismo. Puede reflejar el deseo de sentido que hay en nuestro corazón, el deseo de entregar la vida. Vivimos envueltos en una cultura marcada por el individualismo. Según la narrativa común, parece que la plenitud de la vida estaría en no necesitar a nadie, en ser totalmente autónomos, independientes, dueños de nosotros mismos y de nuestro destino. Sin embargo, la experiencia nos demuestra que la esencia de la vida es otras: la relación. Todos somos hijos, hermanos, padres o madres, vecinos, conciudadanos, compatriotas, compañeros en multitud de cosas… Sólo podemos entendernos como ser-con-otro y, por tanto, como ser-para-otro. Por eso, en nuestro corazón nace la pregunta ¿para quién soy yo?
Este primer aspecto de vuestra vida es la vida interior, la oración. En el silencio, en la escucha de la Palabra, en la memoria evangélica de cada día, de nuestra historia, aparece esta pregunta: ¿Para quién soy yo? Esta pregunta está en el origen de la vocación de cada uno de nosotros, porque con la primera llamada descubrimos la sorpresa de no ser para nosotros mismos, sino de ser para el Padre, que en su Hijo ha venido a llamarnos y, en el Hijo, de ser para los demás. Lo hemos escuchado en el evangelio. Jesús es llevado al Templo por sus padres para ser consagrado a Dios, para ser entregado a Aquel que era su origen más profundo. Pero esta entrega está indisolublemente unida a la entrega a los hombres. Cuando el anciano Simeón coge a Jesús en brazos, anuncia su destino: luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel. Así sucede con cada uno de vosotros. La vida consagrada, vuestra vida, entregada totalmente a Dios, es luz para las naciones, es Gloria de vuestro pueblo, la Iglesia. Es bonito pensar que, por vuestra consagración, sois luz para toda la sociedad y gloria de la Iglesia. Tal vez esto no lo reconocemos siempre, pero es así.
Así, al vivir con un corazón indiviso en el Señor, a través de la forma de vida que consiste en vivir con radicalidad los consejos evangélicos que habéis profesado, vuestra propia vida se convierte en una provocación. Por eso vuestra vida es una pregunta hacia los hombres y mujeres, niños y jóvenes con los que os encontráis diariamente: Y tú, ¿para quién eres? El lema puede entenderse como una pregunta hacia vosotros, pero también puede entenderse como una pregunta que nace de vosotros. Al veros la gente ha de escuchar esta pregunta. Es el sentido escatológico de vuestra vida, que apunta al final de la existencia. Un final no sólo temporal, sino existencial. Vuestra vida entregada en la contemplación, en la escucha de la Palabra, en la acogida con un corazón libre y obediente de la voluntad de Dios, en la caridad hacia los que quedan en los extremos, es capaz por sí misma de generar una cultura vocacional; es bueno que seáis conscientes de esto, para no esconder o camuflar el escándalo que representáis; el mismo escándalo del Hijo de Dios que quiso participar de nuestra carne y sangre.
Os animo a vivir abiertos a esta pregunta. Corremos el riesgo de que el individualismo también penetre en nuestras comunidades consagradas. Precisamente en la fragilidad de una comunión de personas que no habéis elegido, sino que os han sido dadas, mostráis la belleza de la mutua entrega en la paciencia, la amabilidad y el cuidado mutuo.
Dentro de un par de semanas también celebraremos una jornada diocesana vocacional que pretende ser un eco de aquel congreso. El lema será: ¿Tú qué respondes? Podríais decir que vosotros ya habéis respondido, pero tenemos que reconocer que esta respuesta ha de ser renovada, revitalizada cada día, en la frescura del amor que nace del Corazón de Cristo. Dentro de un momento la renovaréis todos juntos ante mí. Espero contar con la presencia de todos los que podáis participar en este encuentro y que juntos, obispo, sacerdotes, consagradas, consagrados, familias y laicos, ayudemos a cultivar una cultura vocacional en nuestra diócesis. No porque “necesitemos” vocaciones consagradas y sacerdotales, sino porque es lo que corresponde al deseo profundo que late en el corazón de cada persona.