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Católicos y por eso libres

20260510 Domingo VI de Pascua. Dos comentarios sobre la religión que he leído esta semana me han hecho pensar, una vez más, en qué lejos está la imagen general que tenemos de la religión católica de aquella relación de libertad a la que Jesucristo nos ha llamado.

 

El primero de ellos lo encontré en una entrevista al seleccionador nacional, Luis de la Fuente. En ella, hablando de él y de sus hermanos, dice que «recibimos una educación católica, pero muy libre, con el respeto hacia los demás por encima de todo». Luis de la Fuente es un verdadero referente y, además, no ha tenido problema, como de hecho lo hace en la entrevista, en dar testimonio de su fe católica en diferentes ocasiones. Tampoco sé si la expresión es literalmente suya o interpretada por el periodista. En cualquier caso, la expresión «católica, pero muy libre», denota un pensamiento común que consiste en oponer como difícilmente conjugables catolicismo y libertad.

 

El segundo es en una columna periodística de la escritora Carmen Posadas. En un momento del texto, que por otro lado me parece acertadísimo y muy valioso, reflexionando sobre el sentimiento de culpa, y ante la constatación de que nos cuesta tanto perdonarnos a nosotros mismos, se pregunta: «¿Será por eso que muchos señalan el sentido de culpa que nos inculca la religión?». Como si la tarea principal de la religión consistirá en introducir en nosotros un inútil sentimiento de culpa en lugar de librarnos del mal, verdadera raíz de la culpa.

 

Ellos simplemente son testigos de dos opiniones comunes y asentadas sobre la religión católica. Por un lado, que esta es un conjunto de normas y reglas que nos obligan y aplastan que, sólo en algunas ocasiones, puede vivirse con libertad, como corrigiendo la veta original. Por otro lado, que ese conjunto de obligaciones nos conduce irremediablemente a un fuerte sentimiento de culpa, generado por “los curas” y convertido en la ligazón que nos impide liberarnos de ella.

 

No niego que esta impresión tiene su base en un cristianismo así mal vivido. Ya el Concilio Vaticano II admite que la exposición inadecuada de las enseñanzas de Jesucristo o las malformaciones de los cristianos al vivirlas tienen, sin duda, su responsabilidad en la forma errónea en la que el cristianismo es percibido por la sociedad y, por tanto, en el alejamiento de muchos.

 

El evangelio según san Juan recoge unas palabras de Jesús que son claves para entender este punto y que pueden ser mal entendidas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos». Con la mentalidad antedicha, estas palabras suenan a chantaje emocional. Algo así como, «si me queréis, haréis lo que yo digo». Es esta expresión que tantas veces escuchamos a los padres, ya exasperados por no poder controlar a sus hijos: «Si me quieres, pórtate bien». O, lo que es lo mismo, «si te portas mal es porque no me quieres». Según esta concepción, el “portarse bien” o el obedecer es lo primero y el amor es lo segundo.

 

El sentido de las palabras de Jesús es justo el opuesto. El amor es lo primero. Y este nos capacita para escuchar a Jesús y vivir guardando su mandamiento, que no es otro que el que nos amemos los unos a los otros. Solo con el amor que Jesús nos ha regalado podremos salir de la esclavitud de pensar solo en nosotros mismos, y entregar la vida al servicio de los demás. Podemos afirmar que, precisamente por ser católicos, es decir, por haber conocido a Jesucristo y haber creído en él, por haber hecho de su amistad el principal motor de nuestra vida, somos libres y podemos poner el respeto hacia los demás por encima de todo. Jesucristo nos ama libres y ama a todos libres. Este es el verdadero respeto, el que nace de un amor verdadero, que reconoce a cada uno como lo que es: uno que ha sido creado para ser hijo de Dios.

 

Y, por eso, la culpa no nos aplasta, porque hemos conocido un amor tan grande, que dio su vida para liberarnos definitivamente de ella. Para poder perdonarnos, el mejor camino es el de reconocer que siempre seremos perdonados por Jesús.

 

+Jesús Vidal

Obispo de Segovia