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El mensaje de León

Queridos diocesanos de Segovia:

 

En este tiempo del verano confío en que bajemos todos un poco el ritmo por la canícula, y esto nos permita dedicar más tiempo a la lectura relajada. Entre los textos de estos meses, recomiendo vivamente (aunque doy por hecho que ya está en la mente de muchos) la lectura pausada y completa de los discursos y homilías que nos ha dejado el papa León XIV a su paso por España.

 

Tras la resaca emocional, ahora vamos releyendo estos mensajes, y uno puede ver su profundidad. Leyéndolos con una mirada transversal, vemos cómo nos dibujan el camino a recorrer por la Iglesia en España, y por tanto, también en Segovia, a lo largo de los próximos años, de la mano del sucesor de Pedro.

 

Durante este mes posterior a la visita del Papa se ha hablado y escrito mucho. Son comentarios valiosos que nos ayudan a adentrarnos personalmente en los mismos textos, ya que creo que sería una pena quedarnos en la superficie o en lo que han dicho otros. Hemos de hacer una lectura apropiada de las palabras de León, releyéndolas a la luz de nuestra situación en Segovia. Esto será la tarea del verano y espero poder ofrecer una reflexión propia al inicio del curso.

 

De momento, os ofrezco unas claves personales que he entresacado del mismo viaje, de las conversaciones tenidas en él con los otros obispos que le acompañábamos, y de una primera lectura algo por encima.

 

Un primer elemento que me parece clave a la hora de entender el mensaje del Papa a España es la distinción entre comunidad política y comunidad eclesial, que hizo en el discurso a los miembros del Parlamento español. Creo que en la sociedad española aún estamos aprendiendo a vivir esta distinción, intentando evitar dos errores: por un lado, el de pretender la confesionalidad católica del Estado, basada en la historia y la tradición; por otro, definir una confesionalidad laica del Estado, que interprete toda presencia en la esfera pública de la comunidad eclesial como extraña o inconveniente. Estas son dos comunidades que están a niveles distintos. Algunos (o muchos) participamos de ambas comunidades, mientras que otros, participando de la misma comunidad política, participan de otras comunidades de creencia religiosa. La presencia de León XIV en el Congreso de los Diputados, dirigiéndose a ellos como testigo de la irrupción de Dios en la historia, es un signo elocuente de este camino de convivencia.

 

Un segundo elemento es la pregunta que define la relación entre ambas comunidades, tal como el Papa la expresó en el encuentro “Tejer redes”:

 

«Cabe preguntarse con honestidad si el mundo —y en particular Europa— habría forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia. No se trata de una provocación, sino de una invitación a pensar si la eternidad, que irrumpió en el tiempo y el espacio mediante la Encarnación de Jesucristo, pueda volver a reconciliarse con lo cotidiano».

La posibilidad de esta reconciliación está en el núcleo del diálogo (palabra que también aparece profusamente en los discursos del Papa) entre Iglesia y sociedad.

 

En tercer lugar, hemos de mirar las palabras del Papa a la comunidad eclesial: acerca de los jóvenes, de la acogida a los necesitados, de la misión, de las tradiciones y la fe, de la belleza y la unidad, de la vocación… Son muchos temas. Podremos leerlos para ir asimilándolos y ordenándolos, de forma que podamos aplicarlos a nuestra situación concreta. En este punto me quedo con una clave de lectura para la vida eclesial, ofrecida por el Papa en el discurso a los voluntarios en Madrid:

«Los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad».

Esta es la lógica del Evangelio que hace crecer la Ciudad de Dios.

 

Permitidme ofreceros de momento estas tres pequeñas claves de lectura y espero, a la vuelta del verano, hacer una reflexión más desarrollada. Os ruego que no os olvidéis del Señor en este tiempo de vacaciones y que, junto al descanso, dediquemos espacios a la contemplación de las maravillas de Dios.


Que tengáis un feliz verano.