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Mons. Jesús Vidal llama a la cooperación fraterna del presbiterio en la Misa Crismal

20260330 Misa Crismal. En la mañana de este Lunes Santo, la capilla del Santísimo de la S.I. Catedral de Segovia ha vuelto a convertirse en punto de encuentro del presbiterio diocesano con motivo de la celebración de la tradicional Misa Crismal. Más de un centenar de sacerdotes de la Diócesis han participado en esta Eucaristía, signo visible de comunión eclesial y de unidad en torno al obispo, que ha sido presidida por Mons. Jesús Vidal. La celebración ha contado también con la presencia del Obispo Emérito de la Diócesis Mons. Ángel Rubio, cuya asistencia ha sido acogida con especial cercanía.

 

El templo catedralicio ha acogido así una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico diocesano, enmarcada en los días santos que conducen a la Pascua. En su homilía, el Obispo ha recordado el sentido de la celebración y la razón de su traslado al inicio de la Semana Santa, señalando que «la Misa Crismal ha de ser celebrada preferentemente en la mañana del Jueves Santo», aunque puede anticiparse «para facilitar la fundamental participación de todo el presbiterio y de un buen número de consagrados y laicos», agradeciendo expresamente la presencia de todos ellos.

 

La Misa Crismal constituye cada año una manifestación privilegiada de la comunión sacerdotal y del vínculo de los presbíteros con su obispo. Durante la celebración, ha sido consagrado el Santo Crisma y bendecidos los sagrados óleos de los catecúmenos y de los enfermos, que serán utilizados a lo largo del año en las parroquias y comunidades de toda la Diócesis para la administración de los sacramentos. El Santo Crisma se empleará en el Bautismo, la Confirmación y el Orden sacerdotal, así como en la dedicación de iglesias y altares; mientras que el óleo de los catecúmenos servirá para preparar a quienes se incorporan a la vida cristiana, y el óleo de los enfermos será signo de consuelo y fortaleza para quienes atraviesan la enfermedad. El Obispo subrayó además el significado de esta unción para toda la Iglesia, recordando que «todo el Cuerpo de Cristo recibe esta unción» y que los ministros ordenados están llamados a ser «servidores de esta unción en favor del Pueblo y de todos los hombres».

 

Asimismo, como es preceptivo en esta celebración, los sacerdotes han renovado solemnemente las promesas que realizaron el día de su ordenación. Ante el Obispo y el pueblo de Dios, han reiterado su compromiso de vivir con fidelidad su ministerio, anunciar el Evangelio, celebrar dignamente los sacramentos y servir con caridad pastoral a las comunidades que les han sido confiadas. Este momento, especialmente significativo, ha puesto de relieve la dimensión vocacional del sacerdocio, nacida de la llamada personal de Cristo y sostenida por la gracia, a la que cada uno respondió con un «sí» generoso. En este contexto, D. Jesús Vidal ha animado a vivir el ministerio desde la fraternidad sacerdotal, advirtiendo del riesgo del aislamiento y recordando que «ningún presbítero se encuentra capacitado para cumplir su misión aislada e individualmente», al tiempo que ha invitado a fortalecer la cooperación y la comunión entre los sacerdotes.

 

La celebración ha concluido en un clima de recogimiento y gratitud, subrayando el carácter profundamente eclesial de la Misa Crismal, que anticipa ya el misterio pascual y fortalece la misión evangelizadora de la Iglesia diocesana. Con los santos óleos recién bendecidos, los sacerdotes regresan ahora a sus parroquias para celebrar los días centrales de la Semana Santa, llevando a los fieles los signos sacramentales que brotan del corazón de la Iglesia y que acompañarán la vida cristiana a lo largo de todo el año. En el tramo final de la homilía, don Jesús ha recordado que «el único camino verdadero para la misión es el de la cooperación fraterna con los hermanos y con el resto del Pueblo de Dios», invitando a todo el presbiterio diocesano a vivir esta comunión como signo visible del Evangelio.