Jueves Santo en la Cena del Señor
20260402 Jueves Santo. «Este será un día memorable para vosotros». Con estas palabras, Dios indica a Moises y a Aarón, que es necesario hacer memoria de la salvación. Dios iba a liberar a su Pueblo de la esclavitud en Egipto y les entrega un rito que será para ellos memorial de la salvación de Dios. Para que no olviden el paso de Dios.
Algo semejante dice San Pablo en la primera carta a los corintios: «Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido». Al transmitir los gestos y las palabras del Señor la noche en que iba a ser entregado, recuerda que Jesús dijo a los apóstoles: «Haced esto en memoria mía». Esto es lo que continúa haciendo hoy la Iglesia, todos los domingos, todos los días; el memorial de la salvación que Cristo nos ha dado por medio de los ritos, gestos y palabras, que él mismo nos entregó.
Los evangelios sinópticos señalan que Jesús reunió a los apóstoles la noche de la Pascua, mientras que San Juan indica que la cena no fue la noche de la Pascua Judía, sino la víspera. En cualquier caso, ya los primeros discípulos entendieron que esta celebración era una nueva Pascua que hacía referencia, no a lo que había sucedido en Egipto con el paso del Mar Rojo, sino a lo que sucedería en los días posteriores. Jesús entregó su vida por nosotros en la cruz y resucitó para darnos una vida nueva. Esto queda recogido en los ritos sagrados que celebramos. Lo vemos en las acciones y las palabras de Jesús: «Tomó pan, pronunció la acción de gracias y lo partió». Tres acciones unidas que expresan el misterio de la salvación.
Primero, Jesús tomó pan. No tomó un alimento extraordinario o exótico. Tomó el alimento más sencillo, que está en todas las mesas, ricas y pobres. Jesús tomó nuestra humanidad tal y como es. Muchas veces, pensamos que la vida cristiana requiere hechos extraordinarios, pero no es así. La vida cristiana más valiosa es la cotidiana, el servicio y el testimonio allí donde estamos: en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestro contexto social. Esto es lo que significa el gesto del sacerdote que coje el pan del altar, pan ofrecido por la comunidad cristiana.
Después, sobre este pan, pronunció la acción de gracias. Un elemento central de la Pascua Judía era la acción de gracias por los bienes de salvación recibidos de Dios. Dar gracias es reconocer al otro como un bien para mí, como fuente de bien. Así, por su acción de gracias, el Pueblo de Dios reconoce a Dios bueno y fuente de bien. Jesús dio gracias al Padre porque le había enviado a los pequeños, dio gracias por los apóstoles, por todos sus discípulos y por los que creyeran por su predicación. Nosotros, en la Eucaristía, nos unimos a esta acción de gracias en un momento central, en el prefacio que concluye con el himno del Santo. El motivo central de nuestra acción de gracias es siempre el mismo: Jesucristo. El es la fuente de todo bien para nosotros.
Por último, partió el pan. Este gesto, en la celebración judía era realizado por el padre de familia como signo de unidad. Como el pan es uno y se reparte, así todos sus hijos permanecen unidos. Jesús es quien hace presente al Padre. Pero en este caso, sorprendentemente, el pan que parte y nos entrega, no es un símbolo. Es realmente su propio cuerpo. Su cuerpo se parte y en cada pedazo está Él, todo entero, como autor de la unidad. Es un signo de su resurrección que nos une a todos en uno.
Jesús tomó el pan, pronunció la acción de gracias y lo partió. Jesús toma nuestra vida, bendice al Padre por ella y la une en la Iglesia entregándonos su propio cuerpo. Que cada domingo e, incluso cada día, hagamos memorial de su salvación que siglos después sigue llegando a nosotros por medio de la celebración eucarística.
+Jesús Vidal
Obispo de Segovia