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El clero de la Diócesis celebra a san Juan de Ávila como «constructores de paz y esperanza»

20260511 San Juan de Ávila. Cada 10 de mayo, la Iglesia festeja la fiesta de san Juan de Ávila, patrón del clero secular español. En nuestra Diócesis, la celebración se ha trasladado este año a este lunes 11 de mayo. Esta mañana, los sacerdotes de la Diócesis se han unido para esta festividad en la que, de manera especial, se ha puesto la mirada en aquellos sacerdotes que este año cumplen sus bodas de plata, oro, diamante, platino y titanio sacerdotales: Jean Remi Yofola (25 años); José Antonio Serrano Escribano (50 años); Félix Martínez Águeda y Juan Santos Cuesta García (60); Antonio Benito Melero, Eusebio Laguna Alonso, Fulgencio Navas Herrero y Adrián Sanz de Frutos (65) y Santiago Peña Poza (70 años).

 

          Bajo el lema «Constructores de paz y esperanza», la jornada comenzaba con la proyección de la película «Noche oscura», sobre la vida de san Juan de la Cruz, a propósito del Año Jubilar Sanjuanista en el que la Diócesis se encuentra inmersa este 2026. Tras un breve descanso, los sacerdotes se han trasladado a la iglesia del Seminario.

 

Celebración en el Seminario

La iglesia del Seminario ha acogido la Eucaristía, presidida por Mons. Jesús Vidal. En el presbiterio, Mons. Ángel Rubio, obispo emérito de la Diócesis, junto a gran parte de los sacerdotes homenajeados, acompañados por un nutrido número de presbíteros, miembros de la vida consagrada, familiares y fieles segovianos que han querido hacerse presentes para agradecerles su servicio pastoral y entrega. 

 

En su homilía, Mons. Jesús Vidal ha puesto el acento en la misión del ministerio ordenado a la luz del Evangelio del día: «Vosotros sois la sal de la tierra» y «Vosotros sois la luz del mundo». A partir de estas palabras, ha recordado que el Señor llama a los sacerdotes a una doble tarea: «hacer fecunda la vida de los hombres e iluminar sus caminos vitales en Dios». Asimismo, ha agradecido la fidelidad de los sacerdotes que conmemoraban sus bodas de plata, oro, diamante, platino y titanio, reconociendo en ellos «la obra de Dios». La imagen de los metales preciosos le ha permitido subrayar cómo la vida sacerdotal «se va forjando con el tiempo en lo profundo de la tierra», del mismo modo que se forja «en las manos de Dios».

 

Tomando como referencia a san Juan de Ávila, presentado como «un excelente forjador de cristianos y por tanto de sacerdotes», don Jesús ha profundizado en algunos elementos esenciales de la formación sacerdotal. Entre ellos, la importancia de la «recta intención» al responder a la vocación, de modo que quien ingresa al seminario lo haga verdaderamente «para servir al Señor y a los hermanos». Asimismo, ha recordado que la vocación sacerdotal nace como respuesta al «sígueme» de Jesucristo, una llamada «cargada de amor» que compromete toda la vida y exige disponibilidad para la misión y una entrega unificada del corazón en Dios.

 

Finalmente, ha insistido en la necesidad de una formación integral y permanente, orientada al ministerio de la palabra, la santificación y el acompañamiento pastoral. Citando al Santo Maestro, ha recordado que «jamás ordenen de sacerdote a quien no estuviere suficientemente instruido para ser buen cura», subrayando que el examen decisivo de toda formación es la caridad pastoral y la vida de oración. La homilía ha concluido encomendando a san Juan de Ávila a los sacerdotes homenajeados, al presbiterio diocesano y a la renovación misionera de la diócesis, alentando a vivir una formación continua sostenida también por la fraternidad sacerdotal.

 

Una vida de entrega y servicio agradecido

Antes de finalizar la celebración, Juan Santos Cuesta ha dedicado unas palabras de agradecimiento en nombre de sus hermanos homenajeados. En un emotivo testimonio, ha hecho balance de su vocación y del ministerio compartido con compañeros, familiares y comunidades cristianas, recordando a quienes le acompañaron en el camino. Ha subrayado, especialmente, el sentido profundo de su entrega sacerdotal al afirmar que «el Evangelio de Jesús que fui conociendo desde pequeño y aquí en el seminario es un mensaje que nos sitúa y nos ayuda a descubrir la verdad y el amor», un mensaje que, ha añadido, «nos puede proporcionar el gozo de una vida plena, verdadera, tal como Dios la quiere». En ese recorrido vital, ha tenido un recuerdo especial para compañeros ausentes y ha agradecido el apoyo recibido de su familia, formadores y sacerdotes.

 

En su intervención, también ha animado a vivir la misión sacerdotal con esperanza y autenticidad, defendiendo una Iglesia cercana y renovada. «Tenemos en nuestras manos la llave de la felicidad y de la salvación del mundo», ha expresado, reconociendo las dificultades actuales, pero insistiendo en la necesidad de anunciar el Evangelio «de una manera sencilla, directa, positiva, atrayente, prometedora». Asimismo, ha evocado momentos decisivos de su generación, como el Concilio Vaticano II, al que ha definido como «una verdadera joya y tesoro por descubrir», para concluir invitando a una «permanente renovación, conversión espiritual y apostólica».

 

          Tras recibir la bendición del Obispo de Segovia, los sacerdotes han entonado el himno a san Juan de Ávila, poniendo así fin a la celebración eucarística. Un día festivo que culmina con una comida fraterna en la Casa de Espiritualidad.